martes, 31 de diciembre de 2013

¿Intervienen los valores corporativos en tu CMI?

Si tu empresa monitoriza (o tiene previsto hacerlo) sus objetivos estratégicos corporativos a través de un Cuadro de Mando Integral (CMI), debes conocer la importancia de la reorientación de objetivos y adaptación a los cambios en el mercado. Con el CMI integramos los objetivos de todos nuestros empleados con los objetivos de la empresa, alineamos intereses entre trabajadores, inversores y clientes mientras hacemos un seguimiento cuantitativo de variables o indicadores que marcarán la línea empresarial tanto a corto como a largo plazo.
Para todo ello es esencial conocer quiénes somos o hacia dónde vamos. Y no hablo exclusivamente de una reflexión directiva, traspasemos este sencillo y valioso ejercicio a todos nuestros empleados y niveles jerárquicos para hacer una valoración 360º interna de lo que realmente está transmitiendo nuestra empresa, ya sea una gran organización o incluso una pyme.
A menudo no somos totalmente conscientes de cómo nos vemos o percibimos nosotros mismos, o incluso qué nos estamos negando o ignorando. ¿Cómo entonces íbamos a entender cómo lo hacen nuestros clientes potenciales?”
Una vez hemos comprendido nuestra naturaleza interna es momento de abordar el salto al exterior. Es en ese momento en que decidimos nuestro camino y los valores con los que nos daremos a conocer al mundo.
¿Y qué tienen que ver los valores con nuestra estrategia corporativa?
En primer lugar, debemos entender nuestra misión y nuestra visión, y definirlas con la mayor concreción posible. Estamos cansados de leer apartados en webs corporativas con rimbombantes, inalterables y desactualizados apartados de “quiénes somos” que a menudo aportan información acerca de la misión y la visión de la empresa. Estas dos palabras encierran toda una compleja estrategia corporativa en realidad, describiendo nuestro presente y futuro deseado. En realidad, el 99% de estas secciones web nos están mintiendo, pues para ser veraces deberían ser readaptadas periódicamente, cuanto menos anualmente, y evidentemente no lo hacen. Así pues, una representación presente de la empresa desactualizada nos arrastra hacia una interpretación errónea de nuestros trabajadores, partners o clientes potenciales que acceden a nosotros por primera vez.
· Misión. Debe hacer referencia a nuestra realidad, a lo que aportamos a nuestros clientes y colaboradores en el día a día. No hablamos de percepción sino de realidad.
· Visión: Hacia dónde queremos ir (que no hacia dónde vamos). Una proyección en un futuro cercano y realista en cuanto a la consecución de objetivos estratégicos y de crecimiento corporativo en todos los ámbitos.
Evidentemente, estos apartados se amoldan regularmente en base a nuestros logros y avances, pero también respecto a la competencia o la coyuntura económica global o de los mercados en que actuamos.
Todo ello debe estar implementado y valorado correctamente en nuestro Cuadro de Mando Integral (CMI) para poder identificar desviaciones o variaciones en tiempo real y corregirlas a medida que son detectadas. En un ejemplo simple y directo, si nuestra misión establece un tiempo de entrega de nuestros productos de 48h y nuestra media de entrega supera este valor, debemos acceder rápidamente al responsable asignado de dicho objetivo y cuestionarnos su trabajo o bien la idoneidad de los plazos de entrega. Cada pequeña decisión irá moldeando la consecución de nuestros objetivos a través del CMI, y con ello la aplicación de la estrategia global de la empresa.
¿Y los valores?
Los valores corporativos son una parte más estática y visionaria de lo que tu empresa aporta a sus círculos de acción, tanto a nivel de proveedores como de clientes. Sostenibilidad, seriedad, atención, personalización, determinación, responsabilidad, empatía, proximidad… Muchos adjetivos pueden definir el aura que desprende nuestra empresa, y de nuevo este intangible puede no estar correctamente incorporado a nuestra previsión estratégica.
Si nuestro CMI traducirá todos los objetivos corporativos en indicadores cuantificables para su seguimiento,
¿Cómo podríamos entonces responder ante nuestros valores identitarios si no tenemos forma de interpretar su aplicación?”
Nuevamente, empezando por nosotros mismos. Veamos con qué valores nos relacionan nuestros propios empleados, directivos, mandos intermedios, empleados, trabajadores en prácticas… todos ellos deberían estar invitados a la reflexión y el feedback interno. Con ello construiremos una visión mucho más rica y fidedigna de nuestra realidad, pasando entonces al análisis externo y preguntando a clientes y proveedores acerca de ello.
A buen seguro descubriremos muchas curiosidades que pasarán a formar parte de nuestra matriz DAFO, actualizándola y completándola, y traspasando estos resultados a unos indicadores medibles de consecución de nuestros valores corporativos de los que tanto nos gustaría enorgullecernos.


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